OPERACIÓN FURIA ÉPICA

El 28 de febrero de 2026 a las 7:00 hras de la mañana, aviones estadounidenses e israelíes con drones y sistemas militares de alta tecnología bombardean sin cuartel Teherán, capital de Irán. El objetivo promovido por la alianza estadounidense-israelí es asesinar al líder supremo religioso Alí Jameneí, y derrocar el régimen de los Ayatolá.

Bajo la ofensiva militar coordinada contra la República Islámica de Irán denominada Furia Épica, Israel y Estados Unidos se unen para destruir a los iraníes y apoderarse de su rica reserva de petróleo. Los ataques se concentraron en Teherán con explosiones registradas en áreas urbanas y cerca de complejos estatales. El complejo residencial del Ayatolá, Alí Jameneí ha sido destruido y el líder supremo asesinado. Tras la muerte del máximo exponente religioso iraní, Irán respondió con una serie de misiles balísticos y drones contra múltiples objetivos:

1.- Bases de EE.UU. en el Golfo Pérsico, incluida la Quinta Flota en Bahréin.

2.- Varios países del Consejo de Cooperación del Golfo (Arabia Saudí, Kuwait, Qatar).

3.- Ataques que causaron daño en zonas civiles y alteraron la seguridad aeroportuaria.

Las autoridades iraníes impusieron apagones de Internet casi totales y restricciones a las telecomunicaciones, generando escenarios de caos, incertidumbre social y evacuaciones internas. El derrocamiento de Alí Jameneí no ha supuesto el colapso inmediatamente del régimen, sin embargo, la muerte del Ayatolá rompe un pilar transcendental de cohesión política. Una vez fallecido el Ayatolá, existe un consejo de transición liderado por el presidente Masoud Pezeshkian, aunque enfrenta una legitimidad cuestionada y fracturas internas. Históricamente, la eliminación violenta de un liderazgo central no garantiza estabilidad ni transición ordenada, generando de forma inmediata luchas internas por el poder, fragmentación entre los gobiernos civiles, los clérigos y los mandos pasdaran, reforzamiento del nacionalismo combativo como elemento de resistencia y una posible guerra civil. Por tanto, el régimen tal como fue concebido puede estar profundamente debilitado, aunque su desaparición completa es improbable sin un conflicto civil prolongado o una implosión interna mayor.

Ante los hechos acaecidos el 28 de febrero de 2026, la pregunta que nos hacemos es pertinente: ¿Estamos al borde de una guerra inminente? Sí, la guerra ya ha comenzado y la escalada es cada vez mayor, no solo en Oriente Próximo, la zona más caliente del mundo, sino en Europa con la guerra ruso-ucraniana que dista mucho de terminar. El ataque de Israel y Estados Unidos sobre Irán representa una agresión sionista-americana que desencadenará un conflicto de alto nivel con potencial de escalada regional, especialmente en Arabia Saudí, Qatar y quizás en Turquía, pues los turcos comparten fronteras con Irán.

La caída del Ayatolá, Alí Jameneí puede desencadenar el cierre temporal del estrecho de Ormuz, un punto crítico para el comercio y la energía global, generando una crisis económica mundial. Las potencias globales han reaccionado de manera polarizada:

La ONU y la U.E. han pedido cesar las hostilidades y respetar el derecho internacional.

Países como China y Rusia han condenado el ataque, denunciando violaciones de la Carta de la ONU.

¿España está a salvo de una inminente guerra? Desde la perspectiva de seguridad nacional española, no existen indicios de que Irán tenga intención o medios directos para un ataque convencional contra España. Sin embargo, las líneas marítimas estratégicas (Mediterráneo, Estrecho de Gibraltar), los activos globales y los intereses internacionales pueden convertir a países occidentales y de la OTAN en objetivos indirectos de represalias cibernéticas, financieras o ataques terroristas. España como miembro de la U.E. y de la OTAN podría verse implicada políticamente si se avanza hacia un conflicto más extenso.

En cuanto a las consecuencias probables a medio y largo plazo debemos analizar 4 aspectos fundamentales:

En primer lugar, el aspecto militar y estratégico que trae consigo una escalada regional prolongada con actores como Siria, Irak, Yemen y los grupos terroristas de Hamás y Hezbollah, que podrían intensificar su participación. Reconfiguración de alianzas en países del Golfo Pérsico que hoy toleran relaciones con Occidente. Despliegue ampliado de fuerzas estadounidenses y aliadas en la región.

En segundo lugar, la cuestión humanitaria con un incremento de crímenes de guerra y violaciones al Derecho Internacional Humanitario, dada la afectación a civiles (escuelas, hospitales, zonas residenciales). Crisis de desplazados internos y refugiados de guerra con un daño prolongado a infraestructura crítica y servicios básicos como electricidad y agua.

En tercer lugar, la cuestión económica con un impacto inmediato en los precios del petróleo y gas. Inestabilidad de mercados financieros globales y caída del consumo.

En cuarto lugar, la cuestión diplomática con una sociedad global más dividida entre quienes justifican los ataques como eliminación de una amenaza nuclear y quienes los consideran un abuso de fuerza imperialista americana e israelí.

¿Se podría haber evitado? En retrospectiva, las tensiones entre Irán, Israel y EE.UU. habían venido escalando desde la llegada al poder de Donald Trump en el año 2016. El punto álgido estalló en 2025, con la Guerra de los Doce días. Las negociaciones sobre el programa nuclear fracasaron, y la desconfianza acumulada hizo que las opciones diplomáticas se agotaran.

Las crisis de este calibre no surgen de forma espontánea, sino como acumulación de factores a tener en cuenta:

1.- Falta de canales negociados con garantías creíbles.

2.- Aislamiento económico y estratégico de Teherán frente a bloques adversarios.

3.- Dinámicas internas de cada país que presionan hacia un uso legitimado de fuerza en vez de compromiso diplomático. En otras palabras, sí era previsible una escalada severa ante la negativa de proponer soluciones diplomáticas y mecanismo de paz y desescalada.

En conclusión, el ataque conjunto del 28 de febrero de 2026, no fue una operación aislada, sino una intervención con un objetivo claro consistente en destruir los programas nucleares de Irán. El ataque ha provocado el detonante de un conflicto regional con potencial de guerra prolongada, lo que traerá importantes consecuencias no solo a Estados Unidos e Israel, sino también a toda Europa y el mundo conocido. Las consecuencias más importantes son:

1.- Muerte de líderes importantes y fractura del poder en Irán.

2.- Represalias misilísticas iraníes que han afectado a varios países del Golfo y a Israel.

3.- Riesgos económicos globales y presión política en Occidente.

4.- Escenarios de escalada con múltiples vectores tecnológicos, militares y políticos.

Estados Unidos e Israel son dos países imperialistas que no buscan la libertad y la paz mundial, sino lo que pretenden sus respectivos líderes es apropiarse del mundo conocido y plantear un nuevo orden mundial a base de agresiones a países, violaciones de derechos humanos y saquear todo aquello que le incomoden. Tanto Donald Trump como Benjamín Netanyahu son dos dictadores sanguinarios que buscan controlar el planeta o crear un mundo vasallo a los intereses norteamericanos e israelíes. Israel es un país sionista que busca expandir lo que los nazis denominaron el Lebensraum o espacio vital, en este caso, las políticas imperialistas de Netanyahu pretenden apoderarse de todos los territorios colindantes a Israel, lo que se denomina según palabras del primer ministro israelí, “El Gran Israel.

La deriva belicista que se está produciendo en Oriente Próximo arrastrará toda Europa a un conflicto mundial porque los intereses norteamericanos están en todo el mundo, especialmente las bases militares de Estados Unidos. Francia, Alemania y Reino Unido se declaran dispuestos a atacar a Irán para defender sus intereses en la región. Estos países europeos contemplan lanzar acciones defensivas proporcionadas contra Irán para proteger sus intereses en Oriente Próximo. Los dirigentes de los tres países europeos han advertido al régimen iraní para que cesen los ataques indiscriminados en la región y han acordado afrontar esta amenaza en coordinación con Estados Unidos.

La jugada de los países europeos es transcendental para los intereses norteamericanos e israelíes porque Francia y Reino Unido, ambas potencias nucleares con sillón permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, tienen importantes intereses en Israel, además Alemania, en pleno proceso de rearme, es el aliado más próximo de Israel en Europa, y su gobierno ha comparado el efecto desestabilizador de Irán entre sus vecinos al que representa Rusia para Europa. Nos encontramos ante un conflicto decisivo en los próximos días y la tendencia es cada vez más violenta y aterradora porque las potencias nucleares están jugando con el destino de millones de personas y la guerra se encuentra en un momento que ya es inevitable, así que esperemos que la cordura lleguen a los mandatarios de Israel y Estados Unidos para desescalar el conflicto y se posicionen los países al lado de la paz conllevando esto, la responsabilidad de un país neutral que arbitre con mediación para negociar una paz o armisticio. La situación es crítica y fluida y quizás el conflicto no se resolverá en días, acarreando un impacto económico, humanitario y estratégico sumamente importante que cambiará por completo la geopolítica del próximo decenio.

Estados Unidos no desea una guerra larga en Oriente Próximo, pero su principal socio, Israel quiere desgastar totalmente a Irán y dejar al país como Libia o Irak. Esta operación fuertemente coordinada entre Israel y Estados Unidos no busca bajo ningún concepto la liberación y democratización del régimen iraní, sino petróleo, energía y controlar Irán como centro estratégico para una inminente guerra. La administración Trump quiere dar un escarmiento y toque de atención a Rusia y China, especialmente China, demostrando músculo militar y apoderamiento de todas las reservas petroleras y de gas iraní. La idea pretendida y fomentada por Washington es aislar a China y Rusia de las reservas de petróleo y energía, consolidándose Estados Unidos en su posición hegemónica controlando los posibles gaseoductos que pretenden construir una vez derrotada la amenaza iraní. El gobierno de Trump busca reducir la dependencia energética de Rusia en Europa, conllevando eso a que la administración Trump podrá mitigar la alianza entre Rusia y China y al mismo tiempo, hacer depender a Europa de las rutas comerciales petroleras y de gas que Estados Unidos controlará en un futuro próximo. En definitiva, la intervención de Israel y Estados Unidos es una lucha por el poder y un aviso a China, que ha condenado enérgicamente la agresión norteamericana-israelí sobre Irán. La deriva de estas acciones bélicas seguirá subiendo y puede que en un futuro temprano, China amplíe sus fronteras mediante la conquista y la anexión de Taiwán por cuestiones puramente históricas y tecnológicas. Si en un futuro, China se apropia de Taiwán significaría controlar los chips tan necesario en la carrera para controlar la inteligencia artificial

Desde aquí hago un llamamiento desesperado para que los mandatarios de Estados Unidos e Israel negocien la paz en Oriente Próximo. Es sumamente necesario entablar acuerdos de fin de hostilidades para proponer una posible paz y cerrar este capítulo tan negro en nuestra Historia. La seguridad del mundo reside en manos de Estados Unidos e Israel, pero el problema se expandirá por todo el planeta, así que esperemos que Dios, en su infinita misericordia haga razonar a estos dirigentes hacia la búsqueda de la paz.

Jesucristo era un hombre de Paz y se entregó a la cruz para expiar los pecados de la humanidad, reconciliando al hombre con Dios.

Todas las religiones deberían coexistir en paz, armonía y equilibrio porque todas las religiones del planeta están íntimamente interconectadas.

NO A LA GUERRA

VIVA LA PAZ







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