DUELO DE TITANES PEDRO SÁNCHEZ VS DONALD TRUMP

El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez desafía al todopoderoso presidente del gobierno norteamericano, Donald Trump, tras rechazar la participación de España en la guerra de Irán y no consentir la utilización de bases militares norteamericanas en suelo español, como son las bases de Rota (Cádiz) y Morón de la Frontera (Sevilla).

La negativa de “no a la guerra” de Pedro Sánchez al presidente Trump abre un nuevo capítulo de fuerte enemistad mantenida durante varios años, el cual el presidente Trump ha dicho de España que es “un aliado terrible y traerá consecuencias negativas para España, plateando la opción de fuertes aranceles y negando acuerdos comerciales millonarios”. España exporta a Estados Unidos aceite de oliva y vino, siendo los norteamericanos los principales consumidores de este manjar español. Sin embargo, ahora parece ser que el tirano de la Casa Blanca quiere hundir económicamente a España mediante aranceles del 15% y dar una visión negativa tildando a España como un terrible aliado.

El presidente Donald Trump ha amenazado con cortar el comercio con España o aplicar medidas económicas severas como represalia por la postura de Madrid. De momento, estas sanciones son una amenaza y parte de una escalada retórica con influencia de factores legales que dificultan un embargo unilateral de EEUU, especialmente porque el comercio con España está regulado por acuerdos bilaterales y de la Unión Europea. Aunque el comercio con Estados Unidos no es el principal motor de la economía española, cualquier interrupción afectaría sectores exportadores, inversiones y cadenas globales. Podría haber efectos indirectos como incertidumbre financiera, caída de la inversión extranjera o repercusiones en sectores vinculados al comercio exterior.

La incertidumbre bélica global y la escalada en Oriente Próximo ya afectan precios de energía (petróleo y gas, especialmente petróleo, con una subida de la gasolina de 10 céntimos de €, un auténtico disparate para los hogares españoles, taxistas y transportistas. A mediados de febrero, la gasolina de 95 octanos se situaba en 1,39 €/litros, lo que significa que llenar el depósito de gasolina costaba 65 €, en cambio ahora, la gasolina se sitúa en 1,50 €/litros, es decir, llenar el depósito de gasolina equivale a 75 €, una diferencia de 10 € con respecto al mes de febrero de 2026. Estas son las consecuencias de una agresión brutal, sanguinaria, déspota y arbitraria de un tirano llamado Donald Trump, que actúa como un cacique imponiendo su voluntad en todos los territorios del mundo. Lo hizo en Venezuela y ahora lo está ejerciendo en Irán, cruzando una línea roja que puede desencadenar a todas luces una posible Tercera Guerra Mundial de naturaleza nuclear.

Estados Unidos ha reaccionado con dureza, calificando a España de socio “terrible” y amenazando con cortar lazos comerciales o uso de bases militares. Las relaciones bilaterales están claramente tensionadas y Trump ha criticado la postura española y la cooperación militar tradicional bajo la OTAN. Pedro Sánchez ha vetado el uso de bases españolas para la ofensiva contra Irán, lo que ha provocado la retirada de aeronaves estadounidenses de esas instalaciones. La actitud de España ha sido interpretada en Washington como un gesto de desafío político, no solo estratégico.

La Unión Europea ha expresado solidaridad con España y ha enfatizado que las políticas comerciales con terceros países se dirigen y negocian conjuntamente, no unilateralmente por uno de los estados miembros. Muchos países europeos, aunque no necesariamente idénticos en su postura militar, comparten preocupaciones sobre el respeto al derecho internacional. Aunque España es aliado en la OTAN, la negativa de Pedro Sánchez resalta diferencias con la visión estratégica de Estados Unidos, que busca apoyo logístico y operatividad de bases europeas. Esta posición podría generar fricciones, pero no implica expulsión ni ruptura formal con la Alianza, sobre todo porque la OTAN funciona con decisiones colectivas y España sigue siendo miembro de hecho y de derecho, comprometida con los objetivos de seguridad con la Alianza. España no tiene armas nucleares por tanto, el papel de España en una guerra es irrelevante y mucho más cuando ya hemos tenido la experiencia en el año 2003, cuando el gobierno de José María Aznar decidió entrar en la guerra de Irak para satisfacer los intereses norteamericanos, bajo el pretexto falso consistente en afirmar que Irak y el régimen de Sadam Hussein poseía armas de destrucción masivas. La Constitución Española establece que es necesaria la autorización previa de las Cortes Generales (Congreso y Senado) para que el Rey pueda declarar la guerra y hacer la paz. Aunque el Rey ostenta el mando supremo de las Fuerzas Armas, no puede tomar la decisión de guerra unilateralmente sin el consentimiento legislativo, de modo que la Constitución Española avala el consentimiento del Congreso y del Senado para que España entre en la guerra.

Con estos acontecimientos surge una pregunta pertinente: ¿Es correcta la decisión de Pedro Sánchez? No hay una respuesta única o universal, pero podemos articularlo de la siguiente manera:

1.- Consistencia con valores internacionales siendo España adalid del derecho internacional, evitando complicidad en una guerra que podría generar más inestabilidad y sufrimiento civil.

2.- Posicionamiento diplomático independiente siendo España autónoma en sus decisiones de política exterior, no alineada con Washington y mucho menos con el loco del cabello colorado.

En cuanto a los argumentos en contra, tenemos que existe un riesgo de empobrecer relaciones con EEUU, un aliado clave y necesario en el comercio, seguridad y defensa. Los costos económicos potenciales serían duros para España si se implementan las medidas arancelarias de la administración Trump. Las críticas desde otros partidos políticos como el PP y Vox, que consideran que España debería priorizar alianzas estratégicas y seguridad colectiva alineándose con Estados Unidos.

En conclusión, España se ha postulado a favor de la paz negando la entrada en la guerra de Irán. El gobierno de España dirige la política interior y exterior, la administración civil y militar y la defensa del Estado. Ejerce la función ejecutiva y la potestad reglamentaria, lo que significa que en materia de asuntos exteriores, el gobierno de España es autónomo en sus decisiones sin interferencias de ningún tipo o países extranjeros por tanto, la decisión es exclusivamente del gobierno español y creemos que la decisión es correcta porque hoy en día las guerras son inaceptables y más existiendo organismos como la ONU cuya prioridad es evitar un conflicto bélico de estas características.

La operación Furia Épica se podría haber realizado de otra manera con el mismo fin: derrocar el régimen de los Ayatolá y sin embargo, no ha funcionado porque Irán es una teocracia acostumbrada al mártir, con un sentimiento sacralizado de “guerra santa” lo que significa que los iraníes están acostumbrados al sufrimiento y son capaces de resistir cualquier embestida provenga del lugar que sea. Una vez muerte Alí Jameneí, el régimen tiene recursos suficientes para designar un nuevo Ayatolá, de manera que a rey muerto, rey puesto y fin del problema. Por otro lado, los pasdaran son una secta religiosa muy cerrada y sin miedo a la muerte porque están dispuestos a inmolarse para atravesar el paraíso celestial que promete su religión.

Irán de momento no tiene armas nucleares según los informes del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Sin embargo, ha enriquecido uranio a niveles muy altos lo que equivale que técnicamente podría tener capacidad militar para fabricar varias bombas nucleares por tanto, la preocupación de Occidente era el hecho de que Irán tuviera en un futuro próximo capacidad nuclear. Eso puede utilizarse como pretexto de guerra y legitimar el conflicto para blanquear quizás la mala popularidad de Netanyahu con importantes casos de corrupción. El objetivo del primer ministro israelí es exterminar Irán y extender sus dominios consolidando su idea sionista del Gran Israel. Lo que busca Benjamín Netanyahu es pasar a la Historia como el libertador de Israel,  tras dirigir la operación que ha generado en el asesinato del Ayatolá. 


















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